Tol Galden. La boda de Sauron.

Los barrancos

El susurro con eco de las gaviotas y las aguas contra aquellos acantilados tan altos sonaba acogedor, el sol este verano era cálido y agradable. Más allá, pudo ver la torre de Sauron en medio del verde brillante bajo el astro rey.

La Torre de Sauron

Un paraíso donde reinaba el caos. Una utopía que había sido posible sin sangre ni destrucción. Debería darse prisa o llegaría tarde, no quería entretenerse con las simpáticas y extrañas criaturas que le miraban con curiosidad al desembarcar en la playa, obviamente no era la misma curiosidad que él tenía al ver a los dragones y otros seres de naturaleza dudosa pululando como ciudadanos corrientes.

¡Bienhallado, viajero!

Todavía tenía que atravesar una región arbórea, y no tenía corcel ni tiempo para encontrarlo, era medio día casi, y tenía al lobo del tiempo mordiéndole el culo.
En el camino de los bosques, el bárbaro pululaba en la espesura con un bulto parecido a una guitarra en una funda de telas, y algunos seres entre los árboles, le miraron.
Así, con el manto por encima y el rostro cubierto por una capucha, parecía un trovador perdido. Varios hombres le salieron al paso, no eran demonios, ni ogros, ni orcos, sino otro tipo de monstruos que vivían de la rapiña.
—¡Danos tu dinero y tus joyas, mamón!—dijo uno con su voz rajada y nasal a la vez, amenazando con una daga. El bárbaro destapó una gran hacha de las telas, y sus cabellos asomaron así como parte de su rostro joven y marmóreo bajo el sol. Se echó la gran arma tras los hombros y miró en derredor, con despreocupación, mientras las hienas reconocían estar acechando a un león.
—Fuera—.
Alguno de ellos reculó al ver que llevaba una gran hacha, haciendo caso de su palabra, pero otros creyeron que era una fanfarronada y se echaron por Kerish desde detrás y por el flanco derecho. No fueron sensatos. Le bastó con girarse empuñando el arma con ambas manos para rajar de vuelta hacia la derecha varias caras en medio de gritos de dolor y agonía. Una parte de él lo disfrutaba. Se agachó con el Golpe del Amanecer, que abrió en canal el torso a un salteador destripándolo (este ataque tenía ese nombre ya que el que lo sufría nunca llegaba a ver el siguiente amanecer), y ascendió con un bloqueo, pateando un pecho, y rajó otro rostro entre gritos que aún no habían cesado.
Desde la espalda, otro chilló con furia yendo hacia él. Error número uno para un bandido, delatar que atacaba…
El bárbaro se agachó girándose con un tajo que le destrozó las rodillas al tipo de la daga, era rápido, pero el bárbaro era más cabrón y más fuerte, y cuando lo tuvo a su altura, con las piernas sangrantes e inservibles, describió un doble círculo (primero por encima suya y luego hacia la del enemigo) con su hacha y le dejó la cabeza colgando de un pedazo de carne del cuello, con un surtidor de sangre que abandonó el cuerpo muerto que aún retenía presión arterial. Si el anterior golpe tenía que ver con el Amanecer, este otro ataque recibía entre los bárbaros el nombre de Eclipse. La llegada de la oscuridad ante la luz. La muerte.
Dos salteadores que quedaban vivos corrieron alejándose, y el bárbaro que portaba el hacha de grandes dimensiones sonrió, sacudiendo el arma, y volvió a caminar. Quizá los otros volvieran poco tiempo después para saquear a sus compadres.
Una vez en el palacio de Sauron, el bárbaro llegó algo tarde a la ceremonia, pues cambiarse y deshacerse del grupito de acosadores le había retrasado.
El bárbaro iba vestido como un príncipe, llevaba un traje azul profundo de algún tipo de sedas, a la moda oriental, con una capa de un rojo anaranjado sobre la que un tigre y un dragón se disputaban un fénix radiante.
Sus pies, calzados por botas altas negras, elegantes y lustrosas, y el cabello peinado y brillante con la raya casi al medio, y unos lisos brazales largos de cuero negro adornaban y protegían desde sus muñecas hasta dos dedos bajo los codos.
Entró en el templo palaciego del caos dando golpecitos con el largo mástil del hacha, alzándola y abriéndose paso entre los invitados con la ceremonia casi terminando.
—¡Un segundo, un segundo! ¡El hacha, lo primero!—.
Sauron, que debía medir casi tres metros de altura, se giró con su armadura mirando al bárbaro, que le ofrecía un arma que él podía blandir como un hacha de batalla. Al ofrecérselo, Kerish dijo unas palabras.
—Un hacha para gobernarlos a todos, uno para encontrarlos. Un hacha para atraerlos a todos y en las tinieblas atarlos. Aunque sea un arma, entre los míos es un símbolo de unión, como aquí lo es un anillo. Espero honrar tu boda con este regalo, señor oscuro—sonrió el humano con complicidad, y Sauron tomó la gran hacha sonriendo a su vez, complacido.
—Entonces, ¡reinaré con este hacha! ¡Ash nazg durbatulûk, ash nazg gimbatul, ash nazg thrakatulûk, azgh burzum-ishi krimpatul!—gritó el dios del caos alzando el regalo, y recibió una aclamación, tras lo cual, una mujer tan alta y proporcionada como él, la llamada Ikoru, le miró y se tomaron las manos, el sacerdote del caos les hizo jurar los votos, y se besaron, recibiendo la ovación de todos sus invitados. Los amigos formaron un pasillo de armas que juntaron cuando el gran señor salía del templo y le siguieron con paso marcial.
Fue un día feliz, todos bebieron y comieron a la salud del señor oscuro y brindaron en su nombre y por la longevidad de su amor, su esposa, y él.
En esto, Kerish estaba devorando un filete de ternero a su lado, un lugar de honor, y Sauron le miró de reojo, enseñándole el hacha.
—¿Así que esto lo has hecho tú?—le preguntó al bárbaro, que asintió en silencio, eructando.
—Yyy… puedes decirme… ¿por qué está manchado de sangre?—continuó Sauron.
Kerish abrió mucho los ojos y miró a su amigo, con un sorbo de cerveza casi atragantándosele, y se encogió de hombros.
—Bueno, verás… tuve un problemilla con unos rateros del bosque y los partí en pedazos con ella. ¡Lamento que esté sucia! ¡Como no tenía nada más a mano…!—le susurró Kerish, excusándose con un rubor de vergüenza.
Sauron sonrió y le acalló, mostrando una de sus manos enfundada en un terrible guantelete, del que se deshizo.
—Eh, no te pedía disculpas. En realidad me honra que hayas hecho una ofrenda de sangre para bautizarla, y me has quitado unas pequeñas espinas. ¿Cómo te va?—.
—Sobrevivo. Ando por Tyrhavn—.
—¿Ya no estás en Camelot? Vienen malos tiempos. Los buenos tiempos… se necesitaría de tu espada allí—le comentó Sauron, mordisqueando un bollo de pan. Su bella esposa le escuchaba, pero no le miraba, comía silenciosa. Si había algo tras la apariencia, el bárbaro nunca lo supo.
—Camelot ya no es mi problema. Pero alguien está interesado en quitarme del mapa de todas formas—.
—No me extrañaría, amigo mío. Como dije, la guerra entre los dioses tiene un efecto nefasto sobre Camelot. No estoy en contra, pero tampoco a favor de guerrear precisamente en estos momentos. Son los mortales los que sufren las bajas, y por tanto, eso no nos conviene demasiado. ¿Quién quedará para darnos poder y creer en nosotros si todos mueren?—.
Kerish entrecerró los ojos y mojó pan en la salsa del ternero, asintiendo despacio, y boqueó mirando nuevamente a Sauron, espetándole algo revelador que tenía la imperiosa obligación de comunicarle.
—Solamnia ha tenido gresca. Y en mi camino hacia aquí he sabido de un ejército que se dirigía hacia Camelot, supongo. No entiendo por qué debería interesarte esto, pero… —.
—¿Ejército?—.
—Sí. Orcos, según lo que he averiguado se dividieron de los que atacaron Solamnia antes de la batalla. Pero no son como los orcos de siempre. Éstos luchan como si les azotaran con un látigo, son más agresivos y fuertes. Y no huyen. Marchan durante el día aunque les queme los ojos, y asesinan cuanto tienen a su alcance—.
—Algo muy oscuro se está concibiendo lejos de nuestro saber, Kerish. Te pido que tengas cautela… el caos no quiere realmente una era de oscuridad sin fin, pero quiere gobernar el mundo libre de las estrictas reglas, el orden también quiere mandar en Terra, aunque está débil y cansado y muchos empiezan a comprender su despotismo. Pero por encima de nosotros, es el bien o el mal. Ten mucho cuidado ya que habrá varios frentes, y si al menos Caos y Orden no se unen contra esta amenaza en común, no habrá Equilibrio. Akelas ganará, y nos llevará a la destrucción a la que estamos ya de por sí condenados—.
—¡Así que te vas a mantener neutral por el bien de los dos poderes!—.
—Por el bien de los pueblos que nos adoran, Kerish. Nosotros tenemos poder gracias a su adoración y ellos se sienten protegidos por nuestra fuerza. Los intentos de traer Orden al Caos son como puñaladas contra una montaña, es la esencia de todos los seres. Que de eso ya cada uno tienda al bien o al mal es otra historia, pero este es un mundo que deberíamos proteger y desarrollar en beneficio de todos. Aunque haya que regarlo de sangre—sonrió el señor oscuro que reinó sobre la Tierra Media y ahora era un dios ascendido, tanto como podía haberlo sido Kerish. Aun así, unos pocos y él se consideraban unidos al guerrero salvaje pese a esa diferencia, como era el caso. El bárbaro sonrió y le dio una palmada en su armadura ceremonial, casi llegando a uno de sus hombros de gigante acorazados.
—¡Me recuerdas a mi abuelo!—sonrió el joven guerrero, era un halago viniendo de su parte.
—El momento se acerca, y deberás elegir entre Luz o la Oscuridad, el Caos y el Orden, así como el Bien o el Mal. Ya conoces la profecía sobre Los Maestros, y de ellos, uno que se convertirá en el Destructor… o será el salvador prometido. Sólo espero que escojas tu camino sabiamente, pero la duda aún me preocupa. ¿Quién serás cuando llegue el Principio del Fin?—.
—Yo—.
—Cuídate mucho, Hermano—susurró Sauron posando una de sus enormes manos protegidas por los guantes de la armadura en el hombro derecho del bárbaro, y Kerish acabó su jarro de cerveza, asintiendo y alejándose de su amigo tras estrecharle el antebrazo. Una mirada entre ambos quizá profetizaba lo que iba a suceder cuando El Principio del Fin llegase.

~ por KERISH en 20 Marzo, 2008.

2 comentarios to “Tol Galden. La boda de Sauron.”

  1. Tal y como me contaste …. es todo un personaje… una ruina!! jajajaja… pero como me gusta, ya lo sabes… Y esta historia es genial, lo define tal cual es. Ya me contarás alguna otra aventurilla….

    Un besazo y tottemo suki!!

  2. fiuuuuuuuuuuuuuu, he tenido que leer mucho de golpeee XD

    eso del principio del fin wowowooooo, que apocaliptico XD

    Sigue así nene :P

    Un mordiscooooo

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