Movilización.

Ninguna amante traicionera podía con Kerish. Tampoco los refinados y retorcidos métodos podían terminar con él. Ni la pena ni el dolor. Ni la vida ni la muerte. Yandros estaba más preocupado de otras cosas que del mortal, su antiguo amigo. Ya no podía fiarse de él, pues sabía que jugaría el papel que le correspondía a un equilibrio que él no quería derrotar, pero que sí derrotaría el poder del dios.
Su plan, su tesoro. Camelot…
Su hermano.
Decidió el espectro de la Campeona por el simple motivo de que no era una mujer, ni tenía sentimientos de ese tipo. Optó por la acción directa, matar…, y usar a una chica pequeña para descolocar al bárbaro, sólo que éste demostró ser más cabrón y desalmado de lo que el dios creía. No tenía compasión de los enemigos, ni de los extraños, ni tampoco de una niña.
¿Ianna estaba tras su pista? ¿Qué podía hacer para apartar a Kerish de todo esto?
El dios se concentró, y una pantalla apareció frente a su trono, algo giró en el aire, y fue a su mano derecha como por obra de telequinesia.
Era un tipo de lengüeta con varios botones y símbolos sobre ellos. Frente a él, la pantalla, con la estrella de siete puntas flotando etérea.
—Si tuviera ya a mi maldito dios de la guerra y la sangre, el símbolo me quedaría más bonito con ocho puntas—.
Apretó un botón del extraño chisme que tenía en la diestra, y la imagen cambió radicalmente. Los muros de Camelot, con unas raíces negras fantasmales corrompiéndolos por dentro. Los Camelotienses luchando. Pulsó otro botón, y las hordas de Akelas desaparecieron de los muros, para mostrar un camino antiguo que llevaba hacia el templo de Ianna. Un ser con una armadura aterradora, cuyos ojos rojos refulgían bajo la sombra de su yelmo, comandaba unas tropas ingentes. Todos guerreros del caos, que se iban dividiendo. Unos caminaban por el desierto, llegando al llamado Oasis de Nejeb. Otros, montaban puestos para descansar de la marcha a no más de un día de la Puerta de Ishtar, y cambiando nuevamente de imagen con uno de los botones del artilugio, el rasposo frío de Velaskialt por la noche, y el tipo de brazos anchos, armadura tenebrosa, y esos brillantes ojos demoníacos.
—¿Cómo va eso, Príncipe de las Tinieblas?—preguntó el dios. El ser se volvió hacia él como si estuviese allí para hablarle.
—Tal como vos lo teníais previsto, mi gran señor Yandros. Nejeb estará tomado pronto y sin problemas, hemos aniquilado a toda la población nómada. La puerta de Ishtar no se nos resistirá, sus habitantes os adorarán o morirán. Y las ruinas nos pertenecerán justo después de esta noche. El templo de Ianna será nuestro—.
—En cuestión de horas, como tenía planeado. Bien, bien. No dejéis que nadie llegue allí una vez lo toméis. Nadie. Nadie debe llegar a ninguno de los tres lugares de poder—.
—Así se hará, oh Supremo Dios del Caos—.
Yandros asintió complacido, y un objeto menudo y cilíndrico voló hacia él, por obra propia. Boqueó suavemente, y lo acogió entre los dientes, a un lado de la boca.
Cruzó una pierna por encima de otra, y pulsó otro de los interruptores del artilugio, la imagen cambió, y la pantalla espectral se tornó verde, llena de hombrecillos corriendo sobre corta hierba, brillante. Unos iban por entero vestidos de blanco y otros de azul con bandas granates, todos con pantalones cortos y camisetas de manga corta, y pugnaban por un objeto esférico, una pelota, pasándosela de unos a otros.
El cilindro marrón en la boca de Yandros (uno de esos caros cigarros puros) se incendió por el extremo contrario al que lo sujetaba con los dientes, y el dios le dio caladas, soltando humo por los lados de la boca.
—Me encanta que los planes salgan bien—.

~ por KERISH en 4 Marzo, 2008.

Una respuesta to “Movilización.”

  1. Woooooooooooooo, movimiento caóticooooos, jurjurjur.

    *Darky echa su larga y dorada melena hacia atrás sonriendo de medio lado.

    ¡A por el siguiente!

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