El alma de un hombre.
Continúo con mi historia… con el camino del guerrero.

Una vez fui gladiador. El esclavo más bajo. La gloria más alta por matar a otros como él. Morir contra otro por capricho de quien paga.

Aprendí de ellos. La vida siempre está en juego. La muerte es el precio. Y parece que vaya a donde vaya, sólo puedo sobrevivir usando mi espada y derramando sangre. Ya era así cuando vivía en las estepas.

Un hombre es como una espada. Primero, no tiene forma, es una masa al rojo. Luego, el acero virgen va moldeándose y creciendo a cada golpe de martillo. Entonces, cuando adquiere su temple y dureza, se convierte en una espada más en la batalla.





Luchábamos por prestigio. Por gloria y por aniquilar a nuestros enemigos. Pero para un guerrero, la familia es importante y también luchábamos por protegerla.
Tuve una. Mi hermano pequeño, mi hermana mediana…

Mi madre.

Y mi padre.

“La guerra es el alma de un hombre. Recuérdalo siempre, hijo mío. Y transmítelo.”
“Sí, papá.”
Se los llevaron a todos. Cuanto me quedó de ellos fue una pira fúnebre y una espada señalando el lugar de su tumba. El fuego hace arder mis recuerdos cada vez que enciendo una hoguera. ¡Malditos paladines del mal! ¡No descansaré hasta vengarme de vuesto amo, perros!

Unos monjes misteriosos sanaron mis heridas cuando todos me creían muerto, y partí lejos, bajo una tormenta de nieve entre montes sobre los cuales las nubes no enseñaban el sol, buscando mi justa venganza. Ahora, te transmito esto. Lucha por todo lo que es tuyo. Mata, y muere matando. Somos guerreros. Es nuestra naturaleza, nuestro destino.
Sigo solo en este mundo tan frío. Es duro, pero sigo intentándolo…

…contra sueños de hierro, sangre y fuego.

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