El camino del guerrero.

La venida de los señores del mal.
La matanza de mi pueblo. Y la oscuridad. ¿Cómo iba a olvidarlo?

¡Sangre y Acero!

Había muerto. Con Honor. Bravura. Sin miedo.

¿Dónde ha quedado eso? Hace tiempo mi familia cayó, dando su sangre, escupiendo en la cara a la muerte. Ojalá hubiera descansado con mis padres y mis hermanos.

He luchado junto a ellos en el final de mi ciclo, he matado, sangrado, y herido mucho. Cada arma que he empuñado ha quedado ahogada en un baño de sangre, pero en esta etapa de mi nueva vida, que no comprendo por cuál razón me mantiene en este mundo, todo ha dado un giro extraño. Presiento que la oscuridad que me persigue no me ha abandonado. No es un enfrentamiento que pueda rechazar durante mucho tiempo.

La Oscuridad

Quizá es obra de los dioses. He encontrado un nuevo hogar entre otros norteños como yo, pero son gentes de corazones menos fríos que los de los congéneres de mi oscura patria. Desde que he estado con ellos, he aprendido mucho sobre sus costumbres guerreras y navegantes, y sobre sus dioses, menos crueles que los míos, pero igual de poderosos.
Me han hablado del padre Odín, al que también se conoce por Wotan, que a cambio de un ojo, obtuvo la gran sabiduría de la que goza. Tiene cierto parecido con el sombrío Choddan, que también usa lanza. Es el padre de todos ellos, el rey de los dioses.

Odïn

Entre las deidades, se encuentra el hijo de Odín, Thor, que vela por los mortales, y flagela el cielo y los mares con las tempestades que emanan de Mjolrnir, su martillo. Pero ni siquiera los dioses podrían velar por lo que iba a sucedernos…

Thor

En el celestial Asgard, los dioses saben sobre la terrible batalla que se avecina, y del final incierto que nos llevará a la destrucción. Ya ha empezado.

Asgard

Mis hermanos de armas norteños y yo luchamos contra terribles hordas, contra otros pueblos que nos invadieron o tuvieron el gran valor de plantarnos cara, y seguimos luchando por nuestro prestigio, por nuestra fuerza, contra cualquiera que ose hacernos frente. Venimos de Thule, de Irlanda, y de muchos reinos más, de entre el hielo y la hierba, de hermosos mares profundos y que esconden secretos mortales, y de lugares más allá del sol. Somos bárbaros insumisos llegados de las naves dragón, las de largo vientre, naciones celtas, daneses, varegos, gautas, aesires… y un cimerio. Dejamos tras de nosotros un legado de gritos. Llantos de enemigos que se arrepienten de haber nacido. Fuego y muerte donde nosotros pisamos. Algunos dicen que nuestros martillos y hachas son los cascos del caballo de la Muerte.

Somos imparables.

Hordas del Norte

Cuando ellos mueran, irán a Valhalla, el hogar de los valientes que han muerto con una espada en la mano. No les preocupa el final de la vida, de su ciclo, pues es para ellos tan natural… como el arcoiris que une nuestro mundo, al que llaman Midgard o tierra del medio, con la celestial morada que Heimdall, el guardián, protege sobre el hermoso arcoiris.

Valhalla

¿Y qué será de mí? ¿Iré al Valhalla también cuando muera, o se me llevará un frío abrazo al corazón de mi tierra, en las estepas?

Mi hogar...

Pero sigo aquí… empuñando una espada y mirando a la muerte a los ojos, recordando todo aquello que pasó en el último destello de mis retinas.

Miro a la muerte...

Es demasiado tarde para volver atrás.
Sigo de pie. Y espero mi turno…

Destino

…Caminando sobre cadáveres en un mar de sangre.

~ por KERISH en 1 Mayo, 2007.

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